En una clase hicimos un ejercicio de creatividad al escribir, la idea esta: antes de decir cualquier cosa sobre el ejercicio, se hace una lista de palabras cualquiera, luego se explica que la dinámica consiste en ir escribiendo una historia mas o menos coherente, mientras que el director del juego va seleccionado aleatoriamente cada palabra de la lista. Mi historia es la que sigue, las palabras aleatorias están marcadas.
Aún no había
despuntado el sol cuando por toda la casa un grito de dolor resonó: "¡Felicidad, ayudáme!" y ya no quedó alma
dormida en la casa, ni de animal, ni de
humano. El Gordo Retrógrado salió de la habitación sosteniendo unas tijeras con una mano y sangrando profusamente de
la otra... cajones suenan, ollas caen, andaba buscando un botiquín. Menuda empresa, si tenemos en cuenta
que en esa casa no había ni una infeliz curita. Arriba de la alacena, nada,
dentro del gabinete, nada, hasta que al fin dentro de un frasco algo sonó, pero
era una inútil vitamina.
Camilo –gritó el Gordo
Retrógrado– ayudáme entonces vos.
Felicidad salió
en pijama de la habitación, cargando ese perro pincher
gay que la acompañaba a todas partes.
Tanto quería Felicidad a ese animalito, que dentro de su rutina diaria siempre incluía
darle un masaje durante una hora
completa. Camilo también salió, despeinado, aún con los ojos a medio abrir y
con muy mal humor dijo: "Que pasa gordo pecueca".
– ¿No ves
animal que casi me mocho la mano con estas tijeras? –contestó el Gordo.
– ¿Esa bobada? –replicó Camilo– ¡eso no es nada!, hay zancudos que hacen
heridas más grandes. Deje de ser mimado que por ahí no se le va a salir el corazón.
– No seas burro –repuso a su vez el
gordo– ¿y si no puedo ir a trabajar por culpa de esta herida?
– No te hagás
el sufrido que aquí gracias a Dios todos trabajamos –dijo Camilo.
– ¿De qué vamos a vivir?, ¿qué vamos a comer? –continuó
el gordo casi como si sufriera al decirlo.
– Pues comés
menos y punto –sentenció Camilo– pedalee
para donde es mijo, que acá la plata se va es en comida por culpa suya,
¿acaso no se ha visto últimamente?, anda gordo como un chinche.
"Guau"
–interrumpió el perro la discusión, haciendo que las miradas de Camilo y del
Gordo se fijaran en Felicidad, quien aprovechó para hablar –¿buscaste en el closet?
– Si –respondió
el gordo– y no hay ni mierda en ésta casa.
– Ve a la peluquería de al lado a ver si tienen algo
–dijo Felicidad ofreciendo una solución bastante aceptable.
– No se me
ocurre ninguna buena razón para que yo salga a las 5 de la mañana a verle los mocos al pendejo ese de Gabriel.
– Eso pasa por
querer ayudar a este otro burro
–intervino Camilo, que luego se dirigió a Felicidad y le dijo –mujer, dejá que el gordo haga lo que
quiera, volvamos a dormir y listo el pollo,
– A ver gordo
–dijo Felicidad respirando primero para encontrar voz más amable– si no quieres
ir a la peluquería, entonces ve donde Sandra,
la vecina de en frente. Ella madruga y seguro tiene algo.
– Ni loco
–contestó enojado el Gordo– esa vieja no me entra ni con vaselina, ahora para ir a pedirle favores.
Mejor dicho, si esas son mis únicas opciones mejor me aguanto hasta más tarde.
"¡Gordo
Retrógrado!" gritaron casi a la vez Felicidad y Camilo mientras cada uno de
ellos entraba a su respectiva habitación azotando la puerta tras de sí.
La casa quedó en
silencio, Felicidad y Camilo no tardaron mucho en recuperar el sueño, pasaron
cinco, diez, quince, veinte minutos de paz y tranquilidad, en los que el sol ya
comenzaba a clarear por encima del horizonte y los pajaritos cantaban
dulcemente a lo lejos. De repente el gordo gritó
"Felicidad,
¿Qué hace este tarro de Amway en medio
de mis cosas?"… y en un santiamén de nuevo estaban Felicidad, Camilo y el perro
pincher gay alegando con el Gordo Retrógrado en la sala de la casa.
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