Este es un pensamiento que tuvo mucho eco cuando lo publiqué inicialmente, así que luego de revisarlo de nuevo, he decidido colocarlo acá para perpetuarlo.
Hoy fui al Cementerio a acompañar a una gran persona a despedir a su madre, es ciertamente un momento tremendo. Sin embargo, mientras esperaba la ceremonia religiosa de ese último adiós, tuve tiempo de ver otros funerales, unos ricos, otros pobres, unos llenos de dolientes y otros tan solitarios como el corazón de quienes allí estaban.
Vi rostros doloridos, abrazos de angustia, flores sin perfume, pasos vacilantes, miradas perdidas, lágrimas vivas; escuché palabras, escuché lamentos, escuché varios "porqués" tachonados de sollozos y muchos sollozos escondiendo “porqués” mudos.
Entonces ví que vivimos como si fuéramos eternos, mirándonos únicamente a nosotros mismos, haciendo pataletas por tonterías, creyéndonos el centro del mundo, hablando todo el tiempo de "Yo" y de "Mio", sin reflexionar en lo frágil que es la vida y lo corta que es cuando se trata de ser felices.
Pasamos los días y los años desperdiciando tontamente la oportunidad de acercarnos al otro, miramos a otro lado en lugar de mirar a quien debiéramos, dejamos ganar al orgullo que nos evita perdonarle esos defectos, dejamos ganar al rencor que nos quita la opción de perdonarle ese error del pasado, dejamos ganar el miedo al "que dirán" y no hacemos lo correcto.
Cruel realidad nos aguarda, pues esposa, hermano, madre, padre, hijo, la muerte llega sobre cualquiera, sin avisar, sin preguntar, sin esperar un arrepentimiento, sin aguardar un cambio.
Actuamos como si nunca fuéramos a visitar este lugar, como si nuestros días en la tierra se midieran en siglos. Caminamos como sordos para, a la final, tener que lamentarlo sobre el cuerpo inerte de esa persona, que ya no escucha, que ya no siente, que ya solo vive para su creador.
Malgastamos el tiempo para tener que reconocer, a la larga, que esos defectos no eran tan graves vistos desde la perspectiva de este preciso y doloroso momento, donde sobran tantas cosas, donde las palabras no dicen mucho más de lo que logran expresar los silencios.

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