
En nuestra empresa para instalar cierta aplicación contable especializada (Counterprise), está establecido que se requiere una autorización directa del analista jefe del área que controla la aplicación, debido a que se lleva un estricto control de cuantas licencias se compran y del origen del presupuesto para hacerlo. Sin tal autorización los chicos de soporte técnico no realizan la instalación y tratan de ser muy cumplidores al respecto.
El hombre que debe aprobar las instalaciones es Don Alberto Ovalle, un buen hombre que lleva muchos años trabajando con nosotros a quien recientemente le tocó pasar por el difícil proceso de cambiar de computador. Aún más, no solo de computador sino que el cambio implicaba pasar de Windows XP a Windows 7, de su cómodo computador de escritorio a un flamante portátil.
A quien no haya pasado por una situación como esta le diré que es algo muy complicado, es todo un verdadero trasteo digital, pues con el tiempo una persona va organizando su computador como quien ordena su casa: los archivos de trabajo en un lado, lo importante en otro, las fotos familiares lejos de los ojos de la gente entrometida, los accesos directos, las carpetas compartidas, las palabras aprendidas por el diccionario de Word y un montón de cosas más. Cambiar de computador implica empacar todo, transferir cuidadosamente, desempacar y organizar de nuevo.
Volviendo a la historia, ¿ya dije que se trata de mi vecino de oficina?, en fin, luego de haber sufrido pacientemente el trasteo de su información del computador anterior al computador nuevo, mi amigo comenzó a probar sus aplicaciones, abrió el Excel y funcionó, abrió el Explorador de Windows y estaban los archivos, pero faltaba algo en el escritorio…
- ¿Dónde está Counterprise?
- Lo siento señor –repuso el encargado de soporte– usted no puede volver a usar esa aplicación
- ¿Y por qué?
- Porque no estoy autorizado a instalársela
- Pero yo la tenía instalada en mi anterior equipo
- Si, yo me dí cuenta, pero solo podemos instalar programas autorizados
- No se preocupe que yo lo autorizo
- No, no puedo
- Creo que usted no entiende bien…
- Que pena señor, no puedo, –puntualizó con cierta dureza el encargado de soporte– necesita una autorización expresa del señor Alberto Ovalle
Mi compañero rompió a reír mientras señalaba con su mano derecha la placa en su escritorio que decía “Alberto Ovalle – Coordinador de Sistemas Financieros”.
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