Marlen y Alberto trabajan en una prestigiosa empresa del sector bancario y ambos, trabajadores incansables, no se explicaban porqué el consumo de teléfono en su apartamento era tan alto, sabiendo que permanecía la mayoría del tiempo vacío... excepto por Doña Eleonora, que hacía el aseo y la comida.
Al principio el incremento del consumo telefónico era tan solo un poco, pero Marlén y Alberto, siendo ambos personas muy justas, entendieron que Doña Eleonora también tenía derecho de hablar por teléfono un tanto y así que, sin darle muchas vueltas al asunto, decidieron dejar las cosas así.
Pero con el pasar de los meses la cuenta telefónica seguía incrementándose de manera progresiva, así que ni corta ni perezosa Marlén habló con unos amigos de la empresa de teléfonos para averiguar qué estaba pasando... y tal como era de esperarse, las llamadas de Doña Eleonora rondaban los 45 minutos de duración.
45 minutos!!! que cosa... le llamaron la atención a Doña Eleonora y consideraron que con esto, el tema quedaba solucionado.
Tres meses de calma fueron rotos por un incremento, prácticamente vertical en la cuenta de teléfonos. De nuevo Doña Marlén habló con sus amigos para que le dieran información sobre los consumos del teléfono y quiso el destino que el informe se tomara un viernes a eso de las ocho de la noche, por lo que Marlén solo leyó los resultados el sábado en la mañana.
La información era espeluznante... encontraron varios días en que las llamadas de un mismo día sumadas superaban los 480 minutos (8 horas) y en ello ni la más mínima posibilidad de que fuera un desperfecto con la línea o el teléfono.
Los esposos decidieron entonces sin más miramientos redactar la carta de despido de Eleonora y entregarsela al siguiente lunes en la noche, porque ya siendo sábado a medio día, ella estaba disfrutando de su descanso.
Eleonora regresó el lunes a media mañana...
Pero justo ese Lunes, a eso de las 3:00 de la tarde, un funcionario de la empresa telefónica llamó a Doña Marlén y le dijo: ¿Es usted la señora Marlen ****? -preguntó la voz del teléfono-, Si señor, a la orden, ¿En que le puedo servir? -respondió ella-.
Felicidades -prosiguió el funcionario- la hemos llamado a su trabajo porque usted se acaba de ganar una cámara fotográfica digital valorada en un millón de pesos por tener el mejor promedio de llamadas telefónicas de la ciudad para el mes de octubre y puede pasar a reclamar su premio a nuestras oficinas a partir de hoy.
Mil gracias -dijo atonita Marlén al otro lado de la línea, mientras aún temblando colgaba el teléfono-.
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